gredientes sencillos que han pasado de la cocina tradicional a las rutinas de bienestar. Su sabor ácido combina muy bien con ensaladas, vegetales y diferentes preparaciones, pero su popularidad también ha generado muchas afirmaciones que conviene tomar con cautela. Aunque algunas investigaciones han observado posibles efectos modestos sobre la glucosa después de las comidas o la sensación de saciedad, no debe considerarse un producto para adelgazar rápidamente ni un tratamiento para enfermedades.
Una forma práctica de incorporarlo es mediante un aderezo. Mezcla dos cucharadas de vinagre de manzana con tres de aceite de oliva, una pizca de orégano y pimienta. Agita bien y úsalo sobre una ensalada de lechuga, tomate, pepino y zanahoria. Así puedes disfrutar de su sabor sin necesidad de beberlo.
Otra opción es una bebida diluida. Combina un vaso grande de agua con una cucharadita de vinagre de manzana y, si deseas, unas gotas de limón. Es preferible tomarla junto con una comida y no aumentar la cantidad pensando que tendrá un efecto mayor. El vinagre siempre debe estar diluido.
También puede utilizarse como enjuague capilar ocasional. Mezcla un cuarto de taza de vinagre con dos tazas de agua, aplícalo después del champú evitando los ojos y enjuaga completamente después de uno o dos minutos. Antes de utilizarlo, conviene probar una pequeña cantidad en el cuero cabelludo para comprobar que no produzca irritación.