Para comprender cómo el exceso de lípidos afecta la circulación, es necesario diferenciar las distintas partículas que transportan el colesterol en el organismo. Así pues, revisemos los factores clave involucrados:
-
Colesterol LDL (Lipoproteína de baja densidad): Conocido popularmente como “colesterol malo”, es el encargado de transportar el colesterol desde el hígado hacia los tejidos. En exceso, se oxida y se deposita en las paredes de las arterias.
-
Colesterol HDL (Lipoproteína de alta densidad): Denominado “colesterol bueno”, actúa como un barrendero vascular que recoge el exceso de colesterol en los tejidos y lo transporta de vuelta al hígado para su eliminación.
-
Formación de la placa de ateroma (Aterosclerosis): La acumulación progresiva de LDL oxidado en la capa interna de las arterias genera un proceso inflamatorio crónico. Con el tiempo, esto estrecha el lumen arterial y endurece los vasos sanguíneos.
-
Riesgos clínicos graves: El estrechamiento o la ruptura de estas placas de ateroma puede desencadenar complicaciones severas como anginas de pecho, infartos agudos de miocardio, accidentes cerebrovasculares (ACV) y enfermedad arterial periférica.
En consecuencia, mantener niveles óptimos no es solo una cuestión de peso corporal, sino de protección arterial integral.
Mitos comunes sobre el colesterol y la salud cardiovascular
Existen diversas falsas creencias populares sobre el origen del colesterol y sus manifestaciones que confunden a los pacientes. No obstante, la evidencia médica aclara la realidad:
-
Mito 1: “Si tuviera el colesterol alto, sentira dolor de cabeza, mareos o cansancio continuo.”
Falso. Salvo en casos extremadamente raros de hipercolesterolemia familiar grave con depósitos visibles (como xantomas o arcos corneales), el colesterol elevado no produce síntomas perceptibles. Los síntomas como el dolor de pecho o los mareos aparecen solo cuando la arteria ya está gravemente obstruida. Por lo tanto, no puedes confiar en “cómo te sientes” para saber tus niveles de colesterol.
-
Mito 2: “Las personas delgadas no pueden sufrir de colesterol alto.”
La realidad: Aunque el sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo, la producción endógena de colesterol ocurre en el hígado y está fuertemente influenciada por la genética, la dieta rica en grasas saturadas o trans, el tabaquismo y el sedentarismo. Así pues, personas delgadas con predisposición genética o hábitos no saludables pueden presentar niveles severamente elevados.