Una tarde con amigos, copas en la terraza… y eres el único que se rasca hasta sentirse mal. Mientras tu vecino permanece tranquilo, tú estás cubierto de picaduras. No es ni mala suerte ni coincidencia: los mosquitos tienen criterios muy específicos para elegir a sus víctimas. La buena noticia es que, una vez que conozcas estos criterios, podrás tomar medidas.
¿Por qué algunos atraemos a los mosquitos como un imán, mientras que otros pasamos desapercibidos? La respuesta es más científica de lo que imaginas. Tu cuerpo emite una serie de señales invisibles que, para estos insectos, parecen una invitación a comer. Descifraremos estas señales y, lo que es más importante, te daremos consejos prácticos para evitar convertirte en su presa.

Lo que tu cuerpo les revela (sin que tú lo sepas)
Tu tipo de sangre, un factor importante
Los mosquitos no son tan imparciales como podrías pensar. Su grupo sanguíneo favorito es, con diferencia, el O, seguido de cerca por el AB. Si perteneces al 80 % de la población que secreta indicadores de grupo sanguíneo a través de la piel, te identifican con mayor facilidad.
Tu aliento, un faro en la noche.
El dióxido de carbono que exhalas es detectable por los mosquitos hasta a 50 metros de distancia. Cuanto más alto seas, más te muevas o más te falte el aire (tras un esfuerzo físico, por ejemplo), más producirás. Para ellos, es una clara señal de que se acerca un festín.
El calor de tu piel, una señal de aterrizaje
Los mosquitos se sienten atraídos por las zonas más cálidas del cuerpo. Por eso, suelen picar en las piernas o la cara. Si haces ejercicio o te mueves al aire libre, sobre todo en verano, prácticamente les estás extendiendo una alfombra roja térmica.
Tu sudor, un aroma que los embriaga
El sudor contiene ácido láctico, amoníaco y otros compuestos que atraen a los mosquitos. Incluso sin actividad física, un simple día cálido basta para que la piel resulte especialmente atractiva para sus picaduras.

Cómo mantenerlos a distancia sin quedarse confinado en casa.
Elimine el agua estancada, su vivero favorito.
Los mosquitos no se reproducen en la hierba alta, sino en el agua. Un plato bajo una maceta, una canaleta obstruida o un neumático abandonado lleno de agua de lluvia: estos son sus criaderos ideales. Recuerda vaciar, tapar o cambiar el agua de cualquier recipiente al menos una vez por semana.
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