Levantarse temprano, tomar café o salir apurado no provoca por sí solo un accidente cerebrovascular (ACV). Sin embargo, hay hábitos y decisiones cotidianas que pueden favorecer los factores de riesgo más importantes, como la presión arterial alta, la diabetes, el tabaquismo, las arritmias y la apnea del sueño.
El ACV ocurre cuando una parte del cerebro deja de recibir suficiente sangre por la obstrucción de una arteria o cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca una hemorragia. Es una emergencia médica: cada minuto cuenta.
Conviene aclararlo desde el comienzo: no existen cuatro acciones aisladas que garanticen que una persona tendrá un ACV. El riesgo depende de muchos factores y se acumula con el tiempo. Pero estas conductas pueden ser especialmente importantes para quienes tienen hipertensión, colesterol alto, diabetes, fibrilación auricular, apnea del sueño, antecedentes familiares o un ACV previo.
1. Saltear o suspender la medicación indicada
Una de las decisiones más riesgosas es dejar de tomar un medicamento para la presión, la diabetes, el colesterol o una arritmia porque “hoy me siento bien”.
La hipertensión arterial suele no dar síntomas. Que una persona se levante sin dolor de cabeza, sin mareos o con energía no significa que su presión esté controlada. De hecho, la presión puede elevarse en las primeras horas del día, y si el tratamiento se interrumpe sin indicación médica, ese control puede perderse.
También es importante no modificar por cuenta propia medicamentos como anticoagulantes, antiagregantes, antihipertensivos o fármacos para el corazón. Algunas personas los dejan antes de un procedimiento dental, porque tienen un moretón o porque creen que “adelgazan demasiado la sangre”. Esa decisión debe ser tomada únicamente por el profesional que conoce el caso.
Qué conviene hacer:
- Tomar los medicamentos exactamente como fueron indicados.
- Usar una alarma o un pastillero si suele olvidarse las dosis.
- No duplicar una dosis si olvidó una toma, salvo que su médico se lo haya indicado.
- Consultar si aparecen efectos adversos, en vez de abandonar el tratamiento.
- Controlar la presión con un tensiómetro validado si su equipo médico se lo recomendó.
2. Empezar el día con cigarrillos, vapeadores o estimulantes
El tabaco es uno de los factores modificables más importantes en la prevención del ACV. Fumar daña los vasos sanguíneos, favorece la formación de coágulos y aumenta el riesgo cardiovascular.
Los vapeadores tampoco deben considerarse inocuos. Aunque su perfil de riesgo no es idéntico al del cigarrillo tradicional, la nicotina puede elevar transitoriamente la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de mantener la dependencia.
También es prudente tener especial cuidado con los estimulantes. Las bebidas energéticas, los suplementos “pre-entreno” y otros productos con altas dosis de cafeína pueden generar palpitaciones, elevar la presión o empeorar la ansiedad en personas sensibles. El mayor riesgo aparece al combinarlos entre sí, con alcohol, con falta de sueño o con ciertos medicamentos.
Por otro lado, drogas como la cocaína y las anfetaminas pueden aumentar de manera brusca la presión arterial, alterar el ritmo cardíaco y elevar considerablemente el riesgo de eventos cerebrovasculares, incluso en adultos jóvenes.
Qué conviene hacer: