Su impacto (imprevisto) en cómo somos percibidos
Este gesto también influye en cómo nos perciben los demás, sobre todo en el ámbito profesional. Una mujer que adopta una postura abierta suele ser percibida como más segura y asertiva en su rol. Una mujer más reservada puede, erróneamente, parecer menos segura de sí misma.
Obviamente, no se trata de una regla estricta. Pero sirve como recordatorio de la gran importancia de la comunicación no verbal en nuestras interacciones, a veces mucho más que las palabras. Esta es una reflexión útil, sobre todo teniendo en cuenta la frecuencia con la que aún se juzga a las mujeres según criterios que van más allá de sus capacidades reales.
¿Y si volviéramos a aprender a ocupar el espacio libremente?
La buena noticia es que las normas están cambiando. Cada vez más mujeres son conscientes del espacio que se permiten —o no se permiten— ocupar. Cruzar las piernas por elección, por comodidad, por costumbre: ¿por qué no? Pero hacerlo por presión social o miedo al juicio ajeno, eso es otra historia.
Comprender el origen de nuestras acciones es ya una forma de recuperarlas por completo para nosotros mismos.
En definitiva, el verdadero lujo consiste en poder sentarse exactamente como uno quiera.